Wednesday, September 21, 2005

Láquesis


Imagina.

Te encuentras ante una decisión que cambiará tu vida. Por completo. Es una decisión muy difícil de tomar por diversos motivos: morales, sentimentales... Evidentemente, no te quieres equivocar. Deseas ser feliz. Se necesitan agallas para jugárselo todo a una carta y tú sólo tienes pulmones. Te tomas tiempo. Tiempo para reflexionar, para acumular valor, para ponerte una armadura en caso de que sea necesaria. Pero cuanto más pospones la resolución, más angustiado estás. Al final, medio loco (o medio cuerdo), piensas: "". Pero Láquesis, que está de guasa, te sale por peteneras. Ese "" te lo transforma en un "NO".
¿Consecuencia? Desespero.
¿Y ahora qué? A nadie puedes culpar excepto a ti mismo. A nadie quieres llorar tus penas, aunque lo hagas. Pero eso no importa. ¿Cuál es el sentido de tu existencia ahora? Incluso vas más allá: "¿Existe sentido?".
No pienses que aquí acaba la historia. Mientras te encuentras en plena crisis existencial, a tu amiga Láquesis, que se ha comido algún que otro hongo de más, le da por sacudir los hilos de nuevo. Y el "NO" transmuta en algo distinto. No sabes exactamente qué, pero seguro que no es un "NO".
Es demasiado para ti. Deseas cambiarlo todo otra vez. Quieres volver al ojo del huracán. No obstante, te quedas quieto, callado, inadvertido. Si antes lo pasabas mal, ahora lo pasas peor. Pero todo tiene un límite, como has podido comprobar. Un día te miras y te das pena. Te falta el fuego que siempre te había movido, te falta la cándida ambición de la que te sentías orgulloso. Y miras más adentro. Y, para sorpresa tuya, ves que las brasas siguen ahí. Las vísceras todavía reclaman oxígeno. Sonríes, sólo un poco, con acrimonia. Sonríes y te cae una lágrima de dolor infinito. Pero sonríes. Y sientes un spin que te ayuda a desenredarte.
Decides que no vas a ser gris. Jamás lo has sido y no permitirás que pase. Das el primer paso y el éxito acaricia tu mano. ¿Se cumplirán tus sueños? No, pero tan sólo porque tus sueños no tienen fin.


Todavía la amo. Con todo mi ser, como siempre la he querido. Y yo, Mishegoss, que a pesar de estar recluído entre los muertos siempre hablo demasiado, hundo la mirada en mis libros y me sumerjo de nuevo en el estudio. Para ser diferente.

Hoy: La Reveuse, de Marin Marais.

Para ti, mi vida.


Sin amor, desde el osario de Sedlec.

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