Sido

-Mishegoss, ¡qué sensible eres! ¿Acaso eres como la estúpida polilla que se precipita hacia la llama?
- ¿Cómo? ¿Qué llama? ¿La de Tintín en "El Templo del Sol"?
- Loco... No me engañas. Sabes perfectamente a que me refiero. ¿Por qué continúas infligiéndote tal tortura? Si no sacas el dedo de la llaga, ésta no se cerrará jamás. Creo que piensas que castigándote te volverás duro, pero yo te conozco bien y sé que lo único duro que posees es ese brillante de pétalos de rosa que escondes tan celosamente.
- No sé de que me hablas... ¿Llagas o llamas? ¿En qué quedamos? ¿Te apetece un zumo de manzana?
- Nunca has sabido mentir. Te delatan todas y cada una de tus expresiones. No quiero angustiarte, sólo que reflexiones y respondas. ¿Por qué insistes? ¿Qué ganas con ello?
- No gano nada. E insisto porque he perdido.
- Recuerda que quien pierde gana lo complementario.
- No me vengas con lógicas booleanas. Mi corazón rige. Y, por lo tanto, pienso, escribo y hablo movido por él.
- ¡Te refugias como siempre en oraciones brumosas que a duras penas se entienden! ¡Dime POR QUÉ!?
- Porque está siempre conmigo. Porque es lo primero en lo que pienso y lo que nunca aparto de mi mente. Porque sangro. Porque mi memoria ha quedado reducida a un bucle.
(Sollozo apagado)
(Consuelos susurrados)
Hoy: Tocata y Fuga, en D menor, BWV 565, de Johann Sebastian Bach.
Para ti, mi vida.
Sin amor, desde el osario de Sedlec.

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