Tuesday, December 20, 2005

Ahogado


Te llevo conmigo a mi lugar secreto, donde nadie puede vernos. Pongo tus manos en mis manos. Miro tus ojos. Te beso, te acaricio el pelo, hundo mi cara en tu cuello. Te huelo. Sonrío porque estás conmigo. Me duermo en tu regazo. Despierto y sigues ahí. No más pesadillas. Soy feliz porque tú también lo eres.Tu cabeza reposa en mi pecho. El sol calienta nuestra piel. Te escucho.

Una vez me perdí dentro de un cuadro. Una desconocida playa, gris, amenazadora, susurraba palabras de soledad. La fría arena se amoldaba a mi peso. Anochecía y un cielo sin luna lo devoraba todo excepto la línea de la costa. Caminaba sin pausa, consciente que cada paso me apartaba de ti. Un extraño desabrimiento me invadía. ¿Valía la pena seguir andando? Las olas seguían seduciéndome con incomprensibles versos. Casi sin notarlo me interné en el agua. El mar me tragaba sin compasión, pero también sin acritud. Escalofríos, ¿de pena?, que no lograban cambiar mi rumbo recorrían mi cuerpo. Cuando sólo mi cabeza sobresalía de la cambiante superficie de azabache, mis ojos se elevaron al cielo, atraídos por la luz de una estrella lejana, blanca y titilante. En ese mismo instante recordé que lo eres todo para mí. La envenenada lógica de la tristeza dictó mi siguiente movimiento... y me hundí. Y el mar fue más salado que nunca.

Hoy: los gritos de mis pensamientos.

Para ti, mi vida.


Sin amor, desde el osario de Sedlec.

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