Tuesday, September 27, 2005

Negación


Lo leía, y sólo sentía incon- formismo. Yo no sé dejar que muera algo que palpita en mí con la fuerza de mil huracanes. No quiero que surjas, sino que estés. Simplemente, NO.

" Dejaré que muera en mí el deseo
de amar tus ojos dulces,
porque nada te podré dar sino la pena
de verme eternamente exhausto.
No obstante, tu presencia es algo
como la luz y la vida.
Siento que en mi gesto está tu gesto
y en mi voz tu voz.
No quiero tenerte porque en mi ser
todo estará terminado.
Sólo quiero que surjas en mí
como la fe en los desesperados,
para que yo pueda llevar una gota de rocío
en esta tierra maldita
que se quedó en mi carne
como un estigma del pasado.
Me quedaré... tú te irás,
apoyarás tu rostro en otro rostro,
tus dedos enlazarán otros dedos
y te desplegarás en la madrugada,
pero no sabrás que fui yo quien te logró,
porque yo fui el amigo más íntimo de la noche,
porque apoyé mi rostro en el rostro de la noche
y escuché tus palabras amorosas,
porque mis dedos enlazaron los dedos
en la niebla suspendidos en el espacio
y acerqué a mí la misteriosa esencia
de tu abandono desordenado.
Me quedaré solo como los veleros
en los puertos silenciosos.
Pero te poseeré más que nadie
porque podré irme
y todos los lamentos del mar,
del viento, del cielo, de las aves,
de las estrellas, serán tu voz presente,
tu voz ausente, tu voz sosegada.
"

Hoy: Canon en re mayor, de Johann Pachelbel.

Para ti, mi vida.


Sin amor, desde el osario de Sedlec.

Saturday, September 24, 2005

El pozo


Hace tiempo encontré una pequeña y lóbrega biblioteca oculta tras uno de los muros de piedra que forman mi estancia. A pesar de poseer un reducido número de volúmenes, todos y cada uno de ellos cautivaron mi atención. El más enigmático se titulaba "B". Estaba encuadernado con piel, ajada por los siglos, y sus páginas eran negras. No era como primero pensé debido a su apariencia un antiguo grimorio, sino que relataba una serie de anómalos (¿sobrenaturales?) sucesos relacionados con un pozo en medio del bosque de cipreses junto al osario. Fue gracias al libro que descubrí su existencia.
Desapariciones, voces que provenían de la nada, imágenes imposibles reflejadas en su fondo. La lista era interminable. Debo admitir que siento fascinación por lo inexplicable, seguramente debida a mi obsesión por las demostraciones. Decidí que tenía que ver, oír o sentir cualquiera de esos fenómenos. Mi formación científica provocaba oleadas de escepticismo que casi ahogaban la excitación que cualquier novedad me inspira. Al día siguiente, cuando el sol todavía luchaba para no ser engullido por las montañas, me encontraba delante del misterioso pozo. Hacía frío, como a mí me gusta. Mi camisa de seda negra no alcanzaba a proporcionarme suficiente abrigo, pero la sensación de la brisa acariciándome bajo la tela era agradable. Podía percibir un inminente invierno por la forma en que las sombras se alargaban. Los árboles murmuraban, cernidos sobre mí.
Los músculos de mis antebrazos, abultados por el constante ejercicio al que me había sometido durante los últimos meses, se tensaron cuando me incliné sobre el pozo. De su fondo emanaba olor a descomposición, a hojas viejas. El agua me devolvía la mirada. Ligeras ondulaciones torcían el reflejo de mi cara produciendo la ilusión de una sonrisa sardónica en mis labios.
Nada fuera de lo normal sucedía. Estaba cansado. Las interminables noches de insomnio hacían mella en mí. Me recosté contra la dura piedra y caí en un profundo sueño.
Cuando abrí los ojos de nuevo era ya de noche. Me costó unos segundos saber dónde estaba. Miré alrededor, en la oscuridad. Un parpadeante fulgor provenía de la misteriosa oquedad. Me asomé. Y VI.
Luz cálida resbalando sobre tus pómulos. Los párpados, tersos, abatidos sobre tus púpilas. Duermes. Tu respiración es sosegada y te rodeas con tu propio brazo, como si alguien más te estuviera abrazando. Tantas veces había memorizado tus rasgos mientras no me veías... Pero hay algo más. Siento. Siento lo que sientes. Por un breve momento lo SÉ. Y ese conocimiento me quema el alma. Me abrasa. Ardo.
Y grito. Y mi grito acaba en muda congoja.

Volví a mi pequeña habitación. Y por primera vez en mi vida me pregunté si no era mejor la ignorancia.

Hoy: Peleas y Melisandra, opus 80, Siciliana, de Gabriel Fauré.

Para ti, mi vida.


Sin amor, desde el osario de Sedlec.

Thursday, September 22, 2005

Sido


-Mishegoss, ¡qué sensible eres! ¿Acaso eres como la estúpida polilla que se precipita hacia la llama?

- ¿Cómo? ¿Qué llama? ¿La de Tintín en "El Templo del Sol"?

- Loco... No me engañas. Sabes perfectamente a que me refiero. ¿Por qué continúas infligiéndote tal tortura? Si no sacas el dedo de la llaga, ésta no se cerrará jamás. Creo que piensas que castigándote te volverás duro, pero yo te conozco bien y sé que lo único duro que posees es ese brillante de pétalos de rosa que escondes tan celosamente.

- No sé de que me hablas... ¿Llagas o llamas? ¿En qué quedamos? ¿Te apetece un zumo de manzana?

- Nunca has sabido mentir. Te delatan todas y cada una de tus expresiones. No quiero angustiarte, sólo que reflexiones y respondas. ¿Por qué insistes? ¿Qué ganas con ello?

- No gano nada. E insisto porque he perdido.

- Recuerda que quien pierde gana lo complementario.

- No me vengas con lógicas booleanas. Mi corazón rige. Y, por lo tanto, pienso, escribo y hablo movido por él.

- ¡Te refugias como siempre en oraciones brumosas que a duras penas se entienden! ¡Dime POR QUÉ!?

- Porque está siempre conmigo. Porque es lo primero en lo que pienso y lo que nunca aparto de mi mente. Porque sangro. Porque mi memoria ha quedado reducida a un bucle.

(Sollozo apagado)
(Consuelos susurrados)

Hoy: Tocata y Fuga, en D menor, BWV 565, de Johann Sebastian Bach.

Para ti, mi vida.


Sin amor, desde el osario de Sedlec.

Wednesday, September 21, 2005

Láquesis


Imagina.

Te encuentras ante una decisión que cambiará tu vida. Por completo. Es una decisión muy difícil de tomar por diversos motivos: morales, sentimentales... Evidentemente, no te quieres equivocar. Deseas ser feliz. Se necesitan agallas para jugárselo todo a una carta y tú sólo tienes pulmones. Te tomas tiempo. Tiempo para reflexionar, para acumular valor, para ponerte una armadura en caso de que sea necesaria. Pero cuanto más pospones la resolución, más angustiado estás. Al final, medio loco (o medio cuerdo), piensas: "". Pero Láquesis, que está de guasa, te sale por peteneras. Ese "" te lo transforma en un "NO".
¿Consecuencia? Desespero.
¿Y ahora qué? A nadie puedes culpar excepto a ti mismo. A nadie quieres llorar tus penas, aunque lo hagas. Pero eso no importa. ¿Cuál es el sentido de tu existencia ahora? Incluso vas más allá: "¿Existe sentido?".
No pienses que aquí acaba la historia. Mientras te encuentras en plena crisis existencial, a tu amiga Láquesis, que se ha comido algún que otro hongo de más, le da por sacudir los hilos de nuevo. Y el "NO" transmuta en algo distinto. No sabes exactamente qué, pero seguro que no es un "NO".
Es demasiado para ti. Deseas cambiarlo todo otra vez. Quieres volver al ojo del huracán. No obstante, te quedas quieto, callado, inadvertido. Si antes lo pasabas mal, ahora lo pasas peor. Pero todo tiene un límite, como has podido comprobar. Un día te miras y te das pena. Te falta el fuego que siempre te había movido, te falta la cándida ambición de la que te sentías orgulloso. Y miras más adentro. Y, para sorpresa tuya, ves que las brasas siguen ahí. Las vísceras todavía reclaman oxígeno. Sonríes, sólo un poco, con acrimonia. Sonríes y te cae una lágrima de dolor infinito. Pero sonríes. Y sientes un spin que te ayuda a desenredarte.
Decides que no vas a ser gris. Jamás lo has sido y no permitirás que pase. Das el primer paso y el éxito acaricia tu mano. ¿Se cumplirán tus sueños? No, pero tan sólo porque tus sueños no tienen fin.


Todavía la amo. Con todo mi ser, como siempre la he querido. Y yo, Mishegoss, que a pesar de estar recluído entre los muertos siempre hablo demasiado, hundo la mirada en mis libros y me sumerjo de nuevo en el estudio. Para ser diferente.

Hoy: La Reveuse, de Marin Marais.

Para ti, mi vida.


Sin amor, desde el osario de Sedlec.

Sunday, September 04, 2005

Mishegoss


Mishegoss designa una situación irracional, sin sentido y, en general, con connotaciones cómicas. Proviene del término Yiddish meshugass, que significa loco o alocado.

Yo soy Mishegoss, así me llamo. Vivo retirado del mundo, no por elección propia, sino por necesidad. Por instinto de supervivencia. Del osario de Sedlec he hecho mi hogar. Fémures, carpios y clavículas se han convertido en receptáculo de mis confidencias. Ocasionales visitas de los amigos que todavía me recuerdan alivian mi existencia.

En Sedlec he aprendido a transformar angustia en ansias de conocimiento y pena en dulces recuerdos. Sólo he fallado en un aspecto. Ni los más refinados procesos alquímicos han conseguido que deje de amar. Quizás he fracasado porque he querido. No me importa. Aunque me duela.

Hoy el aire huele a otoño. En mi paseo matutino he podido ver como las hojas se han convertido en puestas de sol y gotas de sangre, en susurros apagados. He llegado hasta el lago y, a la sombra de un roble, me ha contado historias que ya casi nadie escucha. Serena melancolía. He leído hasta que mi piel me ha pedido abrigo y, lentamente, he vuelto al osario, donde dedicaré el resto del día al estudio.

Hoy: Gymnopédie número 1, de Erik Satie.

Para ti, mi vida.


Sin amor, desde el osario de Sedlec.